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Argentina: VUDAS recibió el Premio Berta Cáceres por la defensa de la vida y el ambiente sano

La organización de vecinas lucha hace nueve años por un hábitat sano y libre de contaminación ambiental.

Las mujeres de VUDAS – Vecinxs Unidxs en Defensa de un Ambiente Sano recibieron el premio Berta Cáceres el pasado 5 de marzo, impulsado por la “Red de Defensoras del Ambiente” y otorgado por el Congreso Nacional Argentino.

Las vecinas y vecinos que forman parte de esta organización viven en el Barrio San Antonio, al sur de la provincia de Córdoba, Argentina. Hace 9 años que luchan por la erradicación de la empresa “Porta Hermanos”, una planta productora de bioetanol que contamina y enferma a las y los habitantes de este barrio y de otros aledaños.

En la transmisión de la entrega del reconocimiento, Silvia Cruz, vecina y referente de VUDAS, narró su historia de lucha y resistencia. Desde CISCSA, integrante de la AFM, le preguntamos qué significaba para ella recibir este reconocimiento: “Este premio nos lleva a replantearnos, a pensar y analizar con nuestras acciones la memoria de Berta, para poder recordarla con nuestras acciones, con mucho cariño, con mucho respeto, para que quede en la memoria colectiva. Su paso por esta historia no fue en vano”, respondió.

Silvia también destacó que el galardón fue otorgado en un marco institucional por el Gobierno Nacional, lo que no es un dato menor porque, en Córdoba, el sistema estatal provincial es quien no da respuesta a la lucha de vecinas y vecinos. Ella lo relaciona con la lucha llevada adelante por Berta Cáceres: “En Córdoba, la imagen de ese sistema nos tiene en la lucha contra la contaminación, en la lucha por la vida de las personas, los seres, el aire que respiramos… Estamos en estas condiciones, como Berta estuvo en condiciones similares, y fue porque hubo un sistema gubernamental que la abandonó, no la supo ver o la negoció”.

Recordemos que Berta Cáceres fue una feminista hondureña, activista por el medio ambiente. La líder indígena fue reconocida por su lucha por los derechos del pueblo lenca y su oposición al proyecto hidroeléctrico “Agua Zarca”, y le otorgaron el “Premio Medioambiental Goldman”, máximo reconocimiento mundial para activistas de medio ambiente. Berta fue asesinada en 2016 tras haber recibido varias amenazas contra su vida y la de su familia.

Fuera Porta

Para entender un poco mejor la lectura de Silvia, es importante historizar brevemente la lucha de VUDAS y su relación con los gobiernos, tanto nacional como provincial.

En febrero de 2012 se instaló una planta de biocombustibles en el predio de “Porta Hermanos”, en el sur de la ciudad de Córdoba capital. Desde 1995, esta firma fabrica licores y fracciona alcohol. Hace 9 años comenzó a producir bioetanol.

A partir de ese momento, vecinas y vecinos de los barrios cercanos empezaron a preocuparse por los vapores que emanaba la fábrica, ubicada a 6 km. del centro de la ciudad de Córdoba.

Los primeros indicios de contaminación fueron un olor muy desagradable y la aparición de irritaciones oculares, dérmicas y respiratorias que fueron afectando a las y los vecinos. A medida que pasaba el tiempo notaron que algunas de estas afecciones se iban intensificando. Incluso algunas personas tuvieron que dejar sus hogares y alejarse de la zona por recomendación de sus médicos.

Un año después, este grupo de vecinos decidió recurrir al Hospital de Clínicas de la Universidad Nacional de Córdoba para solicitar ayuda y recomendaciones de especialistas. Distintos profesionales relacionados con la Facultad de Ciencias Médicas e integrantes de la Red Universitaria de Ambiente y Salud (REDUAS) realizaron un estudio de salud ambiental.

En agosto de 2012, los resultados arrojados a partir de una evaluación epidemiológica, realizada al 74% de los y las habitantes del barrio, encendieron una alarma: “El 43.2% padecía cefaleas persistentes, 34.8% conjuntivitis y congestión ocular, 33.1% neumopatías obstructivas, 26.6% gastritis y/o síntomas compatibles con ésta, y un 18.2% sufría dermatitis por irritación química”.

Dos años después se realizó una pericia química ambiental ordenada por la justicia provincial, vecinos y vecinas, de la que participaron peritos oficiales.

Si bien se encontró presencia de contaminantes químicos (formaldehído, tolueno, hexano y xileno) emanados de fermentadores de la planta y en muestras de aire recogidas en las calles de Bº San Antonio, desde el gobierno de la Provincia de Córdoba afirmaron que éstos “estaban dentro de los parámetros permitidos”, aunque son categorizados como residuos peligrosos por la normativa nacional. Además, dentro de las conclusiones los y las especialistas afirmaron que la presencia de estos gases en el aire podría explicar los síntomas que presentaban -y aún presentan- vecinos y vecinas del sector.

En 2016, la organización le solicitó a la Red de Médicos una nueva evaluación de la salud colectiva ambiental del barrio y de Bº San Antonio Residencial. En sus resultados se evidenció una tendencia al aumento de casos de cáncer, en especial de piel. También se encontró alta prevalencia de niños/as que nacen con anomalías congénitas en frecuencias muy superiores a las que presenta toda la ciudad de Córdoba. Las prevalencias de asma, conjuntivitis, dermatitis y cefaleas fueron identificadas como muy altas y se observó una preocupante multiplicación de mujeres con masas en vías aéreas superiores. Esto significa que la mayoría de vecinos y vecinas presentaba el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple. Las personas mayores y sobre todo las infancias son las más afectadas.

También en 2016 presentaron un amparo colectivo ambiental a la Justicia nacional, en el que el Ministerio de Energía y Minería de la Nación era el principal demandando. Después de 3 años, en diciembre de 2019, el fallo en la causa reconoce que “Porta Hnos.” no cuenta con el Estudio de Impacto Ambiental exigido por la ley y le da un plazo de 90 días a la empresa para adecuarse. La parte de la denuncia que incluía la erradicación de la planta ilegal sin afectar los puestos de trabajo, remediación ambiental y resarcimiento para las personas afectadas, no fue considerada por el juez federal Vaca Narvaja. VUDAS decidió apelar, pero aún no hay novedades.

Cuando comenzó la pandemia, la empresa quintuplicó su producción, al ser uno de los mayores productores de alcohol. Lo que también aumentó en las mismas dimensiones fue el riesgo para los y las habitantes de Barrio San Antonio.

A mediados del 2020 el gobernador Juan Schiaretti inauguró una obra para la fábrica que ampliaba su red de gas y, a su vez, el intendente de la ciudad, Martín Llaryora, dío otro voto de confianza al abrir una nueva planta para la producción de concentrados proteicos de origen vegetal en “Porta Hnos.”

Resulta incomprensible, y más en estos tiempos, cómo el Estado provincial hace oídos sordos a la lucha de VUDAS y la evidente contradicción en su accionar: genera ingresos para una fábrica que hace alcohol, que puede salvar vidas frente a este virus, pero que a la vez lo hace poniendo en riesgo la salud de vecinas y vecinos de la zona, que incluso ya tienen su sistema inmunológico deprimido por años de contaminación. En sus relatos, Silvia recuerda a Lucho, un compañero que murió por coronavirus, y remarca que lo que hace el gobierno le parece una burla.

La necesidad de habitar un ambiente sano

Para Silvia, un hábitat sano es un lugar elegido para proyectar su vida de modo armónico con todos los seres que la rodean. Esa armonía para ella significa no preocuparse por lo que se respira: “Que lo que se respire sea para darme cuenta de un estado de conciencia del lugar donde estamos, y no de estar preocupándome por mi cuerpo o por mi enfermedad. El hábitat sano es un lugar en donde hay un equilibrio en la existencia, donde una puede pensar en otras cosas que no sea en luchar por respirar, porque nuestros hijos están en riesgo, para que no pasen camiones, para que no avance el extractivismo, para que no se fumigue arriba nuestro, ya sea con una avioneta fumigadora o con una torre de fermentación, como lo hace Porta aquí al lado de mi casa”.

Silvia también remarca esa necesidad de equilibrio en la importancia no sólo de la salud física, sino también de la mental, porque es importante tener proyectos de vida. “El tiempo que dedicamos a la lucha -podríamos decir ganado, pero perdido en nuestras vidas humanas- podríamos dedicarlo a hacer tantísimas otras cosas. En vez de disfrutar de todo en nuestro alrededor tenemos que poner barreras, buscando ‘armarnos’ desde la ciencia, desde la técnica, desde el conocimiento académico, del de la vecina, y ponernos ahí una muralla, una trinchera, para evitar que avancen contra la vida en vez de estar respirando profundamente y viviendo la vida”.

En el acto de entrega del premio Berta Cáceres, Silvia dijo que desde VUDAS se ejerce ciudadanía como habitantes del barrio en la organización, que se planta para decir “aquí no”. Al verse como custodias de ese espacio, esa ciudadanía es un derecho pero también una obligación.

“El derecho a la ciudad es un derecho innato, que nace con los seres humanos. Cuando nos convertimos en sociedad y nos organizamos ya tenemos cada uno ese derecho, que se ha ido colonizando. El mundo es avasallador y el ser humano es extractivista en todas sus formas, es colonizador, es competitivo, es negociador. Pero hay una parte la población que nos replanteamos eso y queremos otras cosas. Queremos defender absolutamente todo lo que está en pie en este mundo, desde el agua, el aire y los animales, porque nos entendemos como parte del ecosistema, nos entendemos como parte del todo…”, como dándole la razón y casi en un tono de burla suena fuerte la alarma de la fábrica que tapa la voz de Silvia. Ella frena y retoma: “…Sí, la alarma, vivimos al lado de la empresa”.

Para Silvia, el espacio que habitamos es heredado de nuestros/as antepasados y de quienes vivieron en ese lugar tiempo antes. Por eso explica la preservación como cuidar aquello que debemos conservar para las futuras generaciones, para quienes nos van a preceder cuando ya no estemos. Para quienes integran VUDAS y luchan junto a la “Asamblea Fuera Porta” y otros colectivos que acompañan, la organización tiene esa función de luchar por preservar lo que hay, comenzando por nuestro entorno, por el barrio, pero haciéndolo extensivo a todo lo demás: “Es decir NO a la agroindustria, NO a este modelo que sacrifica personas, árboles, ríos, suelo, aves, animales… Que provoca desequilibrio ecológico, que avasalla, que se multiplica, que no le basta con una empresa sino que tienen que ser 10, luego 20, y luego 50. Así avanza el extractivismo, sacrificando todo a su paso. Nosotras nos paramos y le decimos NO; están sacrificando la vida, que vale mucho más que cualquier negocio”.